martes, 19 de agosto de 2008

La historia de Cecilia Solás(65). Una blogonovela cubana.

Emerge tu recuerdo de la noche en que estoy.
El río anuda al mar su lamento obstinado.
Abandonado como los muelles en el alba.
Es la hora de partir, oh abandonado!
Sobre mi corazón llueven frías corolas.
Oh sentina de escombros, feroz cueva de náufragos!
En ti se acumularon las guerras y los vuelos.
De ti alzaron las alas los pájaros del canto.
Todo te lo tragaste, como la lejanía.
Como el mar, como el tiempo. Todo en ti fue naufragio!

de "Canción Desesperada", 1924
Pablo Neruda (1904 – 1973)
Premio Nobel de Literatura, 1971

Hernán encontró la casa extrañamente oscura. Llamó a Sara, el carro estaba en el garaje, así que tenía que estar en algún lugar. Sara, Sara, llamó. SARA que te estoy llamando, gritó…. subió las escaleras y atravesó la habitación de ambos. Se asomó al cuarto de baño.

Allí en un recodo, tirada contra el piso encontró a Sara de bruces contra la taza del inodoro. Un charco de vomito la rodeaba. Abrió los ojos y con esa sonrisa ahuecada e insípida que provoca el alcohol, intentó pararse y salir al encuentro de Hernán que la miraba enfurecido.

Una botella de vino, vacía con algún poco de liquido derramado se orillaba en un rincón del baño. Hernán tomo la botella y la contempló detenidamente:

- Estás borracha, no me digas que no. Te has disparado esta botella entera.. ¿en qué tiempo?, ¿estás loca?, ¿quieres morirte?, ¿O me quieres desgraciar la vida?

Sara intentó levantarse pero resbaló con el vomito. Un grito, más bien un suspiro herido salió de su boca.

- Hernán, me siento mal, muy mal, ayúdame por el amor de Dios...
- No te sientes mal Sara estas borracha. ¿No te ves? Mírate, anda.
- No me veo Hernán, casi que no veo. Me siento muy mal, tanto que quisiera morirme.
- Eres una borracha Sara, no te ves. Párate, y mírate en el espejo.

Sara intentó levantarse de nuevo, pero a duras penas si podía con su cuerpo. La ropa vomitada hasta el pelo le daba un aire infeliz y enajenado. Hernán se le quedó mirando con expresión asqueada y dominante. Le gustaba ver a Sara asi, lo hacía sentirse superior.

- Ni te imagines que te voy a ayudar. Tú te emborrachaste, pues ahora arréglatelas como puedas y paga tu imprudencia. Y date con un canto en el pecho que los muchachos no están aquí. Como me gustaría llamarlos para que te vieran, para que vieran a la madre borracha que tienen. A ver si te da pena.

- Pero Hernán, por Dios, mira que no puedo ni levantarme. Ayúdame aunque sea a meterme en la ducha, es lo único que te pido.

- Fíjate Sara, arrástrate hasta la ducha, muérete, quédate así vomitada y cagada si quieres, pero óyelo bien conmigo no cuentes borracha de mierda… paga las consecuencias de tus actos. Eres una estúpida borracha, y resuélvete tu sola. Yo me voy no puedo con este espectáculo, ni con este olor tampoco.

- Pero Hernán, por Dios ... por Dios, Hernán ...

Intentó de nuevo una escalada pero una sensación de nausea le nubló la vista, una fuerte arqueada le viró la cabeza al reves, como una gallleta al rostro, y un liquido pegajoso, morado, maloliente, parduzco, verdoso le cerró la palabra que no se dijo, y como una mordaza le tapaba la boca y la nariz el olor a rancio, a alcohol ligado con sangre, con dolor y angustia. Sintió miedo, el mismo que se siente en la hora de la muerte; un sudor frio la paralizó como una picana de fuego; la cabeza le daba vueltas como si la colgaran de los pies frente a un precipicio. Todo a su alrededor giraba, y una sensación de fatiga le empezó a crecer desde su mas adentro, como si le desgarraran las entrañas con un cuchillo mellado. Se empinó para llamar a Hernán, pero algo muy primitivo, quizás su esencia misma, su principio más básico la paró en seco. Nadie iba a responder por mucho que llamara o gritara.

Y entonces comprendió que estaba sola. Irremediablemente sola. Y para siempre.

7 comentarios:

Aguaya Berlín dijo...

Me imagino la escena con los ojos cerrados... como para abrirlos (Sara) y acabar de cortar por lo sano...
Saluditos, Mede!!

GeNeRaCiOn AsErE dijo...

Si el otro no es capaz de asumir tus miserias, de darte una mano y hacerlas suyas, entonces no vale la pena de que duerma contigo.

un abrazo, t.

Ivis dijo...

Ese Hernán es tremendo HP. Me cae super mal. ¡Que le den candela! Que no le pasen los cuernos por la puerta.
Me quedé con ganas de leer más.

Westchester dijo...

Medea: Tu novela parece reproducir lo que pasa a mucha gente en este mundo. Un matrimonio que no tiene sentido, donde han crecido en direcciones diferentes o simplemente no han crecido. Donde ni siquiera los agnos compartidos han producido un minimo de empatia, de habilidad para asumir las miserias del otro. Ese matrimonio no tiene sentido. Y ya podemos imaginar lo que viene despues. Pobre Sara...Y pobre Hernan. Ojala no se enreden con los equivocados.

Anónimo dijo...

Mede,
he pasado por aquí varias veces a releer este capítulo, y nunca sé qué comentarte.
Es muy triste.
Yo no sé si tu te das cuenta de la angustia que hay en este capítulo. La imagen de esa mujer cubierta en vómito y sangre, silenciada, autosilenciada, juzgada...en pocas palabras, hecha mierda.
¿Quién puede levantarse de tal sepulcro?
Te estás volviendo peligrosamente sugerente,
La Primi

lola dijo...

Eso de "¿me quieres desgraciar la vida?" ya se merece que lo acabe de mandar al c... ese tipo es un egoísta y un estúpido, y .. bueno no sigo que me emociono y pierdo la compostura.
Un saludo.

Anónimo dijo...

Los tipos como Hernan, cuprofagos irredimibles, envidiosos de la vagina, y del cerebro que porta esa vagina, debian quedarse en una isla desierta...pero con canibales que se lo tiemplen antes de comerselo.