sábado, 15 de diciembre de 2007

La historia de Cecilia Solás(40). Una blogonovela cubana.

Capitulo 10.
Mayo 2002. Ojo por Diente.


Magela esperaba con ansiedad mal disimulada sentada en la barra de un bar en el malecón de la Ciudad del Mar. Mujer muy devota y leal de José Pablo a pesar de todo ya sabemos, pero el límite existe, y no solo en las ciencias puras. Y a decir verdad, a veces las cosas pasan sin ni siquiera saber como empiezan . No se había propuesto nada, pero todo se había precipitado de un modo casi kármico.

José Pablo era un donjuán al decir de Magela. Lo decía con orgullo a las amigas que la miraban como diciendo “ ¡pero esta mujer está loca! ”, sobre todo cuando ella con expresión alardosa exclamaba “mi marido es un mujeriego, pero solo me ama a mi". Era una rara manera de sentirse una mujer superior, o quizás lo decía para dar esa sensación “avant garde ” tan de moda entre los artistas e intelectuales de la Siempre Fiel.
La Siempre Fiel.... !ja! ironía del nombrecito. La Siempre Fiel había resultado casquivana y coqueta; le daba igual un cosaco ebrio que un indio cantor. No conocía más fidelidad que la de “ a su modo y conveniencia”. ¡Que triste jetatura la de la Siempre Fiel! ¿Será por eso que los isleños confunden lascivia con sentimiento?. Rara manera esta de alardear, pero en el fondo no tan fondo los celos, la duda y el orgullo siempre malherido y nunca acabado de sanar la estaban desquiciando.

Más de una vez había llorado lágrimas de rabia al descubrir un mensaje pasado de tono en el contestador o simplemente un olor a perfume femenino en la camisa dejada en el cesto de la ropa sucia. O en la requicia de mensajes electronicos, su entretenimiento predilecto porque le alimentaba esa rara sensación de duda infinita con la que se habia acostumbrado a convivir. Y cuando José Pablo viajaba que casi ni sabia de él, siempre con pretextos cada vez más increíbles como que no había teléfono en el hotel donde estaba hospedado o que la conexión de Internet había que pagarla y costaba un congo. Pero ella se consolaba pensando en que pudieran ser ciertas las razones, - imagínate, por allá afuera !todo es taaaan caaarooo....! – no obstante sufría mucho y en silencio su desventura al mejor decir de un bolerón clásico.

Hasta que apareció Héctor Mario. No fue intencional, ni andaba buscando ese tipo de revancha, pero las cosas pasan, o como se dice en inglés “ sheet happens”, y una noche de vernisagge en el Museo Español de la Ciudad del Mar, se descubrió conversando animadamente con el apuesto attaché de un país de esos llamados “amigo” (expresión dubitativa sin dudas, pero dejémoslo ahí) y del descubrimiento rápido pasó al asombro cuando se vio aceptándole continuar la conversación tomando algo en un bar medio oscuro y poco concurrido. Un bar de los de M.N. para guardar las apariencias y evitar encuentros desafortunados. Nada sucedió esa noche, José Pablo andaba por Francia y Leonor se iba a quedar a dormir en casa de la abuela, pero la noche se prolongó con derroche y entre copas y conversaciones, al despedirse quedaron en quizás verse de nuevo para seguir tratando el tema que cual pretexto increíble ayudó a compartir un algo indefinido, al menos en ese momento... De buenas a primera los habitantes originarios de Tenochtitlan sirvieron de cómplices … “Nadie los conoció, no se sabia de donde habían salido” …” uno de los códices prehispánicos más antiguos y misteriosos de la cultura azteca” …. Héctor continuaba su perorata ilustre …” esta alteración histórica y la inclusión en el relato de elementos religiosos dificulta conocer el verdadero origen del pueblo azteca que fundó la capital de su imperio en el lago Texcoco “ y Magela miraba a ese hombre casi con admiración, asombrada que existiera alguien capaz de rivalizar en verborrea y erudición a su José Pablo. De cualquier manera Héctor y Magela habían descubierto que las leyendas en torno a los misteriosos personajes servían para conversar y conversar sin sentir que el tiempo avanzaba. A la una de la mañana, Magela llegó a su casa con la sensación de haber hecho algo incorrecto por un lado y de que la Ley del Talión era una ley justa y necesaria.

El “aquello” se convirtió de pronto en “esto” … a veces se veían en un bar de mala muerte (mientras más malo mejor, advertía Magela) otras las menos en la misma casa de Magela… algunas veces viajaban a lugares cercanos y apartados para contemplar las olas despeñándose en agrestes costas (y de paso despeñarse un poco entre ellos), en fin, y aunque la palabra amante es a veces, solo a veces, fea; a veces, solo a veces, sucia; y a veces, solo a veces deshonesta, era la que mejor les avenía, aunque nunca la mencionaran. Pero ojos y gestos hablaban por ellos. Y Magela no sentía ni gota de remordimiento, es más estaba convencida que era la única forma de mantenerse a su vez unida a José Pablo. Así no se sentía tan infeliz, ni tan ninguneada, y al menos Héctor también tenia que cuidarse de su esposa, mujer de negocios en su país de origen que por esa misma razón se ausentaba frecuentemente de la Ciudad del Mar. Otra complicidad a compartir.

Por eso mientras José Pablo paseaba despreocupado a Leonor y la llevaba a tomar helado, Magela se escabullía en lo que ella consideraba la más justa y reciprocable inocente y necesaria venganza. Ahora si, nada de enamorarse, nada de enamoramientos con Héctor, esto era un pasatiempo, un "esto” que venia al caso, pero hasta ahí. Sin cruzar incomodas fronteras.

Pero esa tarde para su sorpresa, Héctor Mario le propuso invitarla como becaria del Museo Antropológico más importante de toda América. Para Magela fue como encender un bombillo, algo se le estaba yendo de las manos, y al verse diciendo que para visitar Mejico siempre tenia las maletas hechas se asustó, pero por poco rato. Ella también tenia derecho a viajar, a codearse, a ser persona en un lugar donde el valor personal venia dado por los cuños estampados en el pasaporte. Si señor, claro que no iba a negarse ella misma una oportunidad que Héctor Mario le ponía delante como embajador de un destino promisorio. ¿Y si al final resultaba que Héctor Mario era mejor postor que José Pablo?. Eso le correspondía a ella averiguarlo… y costara lo que costara porque en un final lo demás era lo de menos. (continuará)

8 comentarios:

GeNeRaCiOn AsErE dijo...

¿y qué pasa si Magela es tan machista como su marido, si lo que en verdad busca, es experimentar la sensación de ser una (otra) de las amantes de Jose Pablo, entre otras cosas para reivindicar su autoestima?
Bueno, es solo una pedraa’

Nos vemos, mede. t

lola dijo...

Ojo por ojo diente por diente, lo único que me da un poco de miedo, que Magela aunque diga que no termine enamorándose de ese Héctor, y sea el remedio peor que la enfermedad, pero de momento que disfrute, jajaja, si es que ese marido que tiene se merece que lo coronen.

Ivis dijo...

Hay un dicho muy feo que me viene a la mente. Magela hace lo correctísimo.
Un beso, Mede.

General Electric dijo...

qué bien, Mede

aunque te confieso que me quedé con ganas de entrar más en la intimidad de esa relación, en los vericuetos jugosos del "esto" [;o) ]

Al Godar dijo...

"ser persona en un lugar donde el valor personal venia dado por los cuños estampados en el pasaporte"
Eso te quedó genial....
¿Es que estás apretando o que nos estamos volviendo blogadictos?
Al Godar

Yo soy Medea dijo...

Tony, Magela es de las tres protagonistas la mas "aguerrida", ya la veras.

Ivis suelta la frase, la maquillamos y la ponemos como la mas inocente y pueril.

Frigi, pero mira que te encanta el relajito.... a ver ya habra mas de "esto" porque a mi tambien me encanta.

Al, a veces se me salen chispitas de genialidad, como en este caso que lo unico que hice fue poner una verdad muy simple... conozco ese panno ...

A.T. dijo...

Medea:
Que bueno fue conocerte anoche.
Estamos en contacto!

Yo soy Medea dijo...

Gracias Alfred! un abrazo para los dos.