… hay amores que nos quitan el sueño…
hay amores que nos roban la vida …
hay amores que nos matan de pena …
son amores que jamás se te olvidan …
y hay amores como el que yo te ofrezco
que es tan grande que no tiene medida,…
este amor que nació al conocerte para toda la vida…
Para oir la Canción .
mi Pablito,
quizás tenga que convencerme ante tanta obviedad y reconocer que no estoy sola, quizás sea tan cierto como que no eres virtual, y te confieso, así como mismo tú me ves – sentada frente a ti – que me siento feliz de tu mensaje anterior.
Me dices que me amas, y creo que exageras, ¿Cómo vas a amarme si no me has visto, si ni siquiera sabes de mi?, salvo por estos mensajes que ya al menos para mi son un ritual de sobrevivencia.
Pero me parece entenderte porque yo pienso que también te estoy amando. Tengo muchas ganas de verte, tantas como no imaginas. Y aunque no se si eso es amor, me parece que se parece. Pero ¡que boba soy! Si esto empezó hace mucho ya sentados en el portal de la escuela.
Mi vida no se desmorona, por el contrario, cada día estoy más convencida que se reconstruye, como si naciera de nuevo, y se que es por ti, lo sé. Me has dado vida a mi pobre existencia, me estas convirtiendo en otra persona.
Pero ten cuidado Pablito, soy muy frágil, estoy muy frágil, y mi corazón está lleno de zurcidos, es cierto que con hilos de mil colores que le dan un aire festivo, pero igual está roto, desgarrado y no quisiera que jugaras conmigo. No es que dude de tus sentimientos, pero es que esto es demasiado bueno para que sea cierto, o como dicen por acá ”this looks to good to be true”. Podemos ser amigos. No estás obligado a amarme y mucho menos a enamorarme. Piénsalo bien porque no creo que pueda resistir más tristezas y fracasos. De ti solo espero alegrías, como hasta ahora.
Pablito, eres para mi como un gran árbol, un árbol que me cobija y me da abrigo, tus mensajes me quitan esa sed de angustia con que he vivido tantos años, eres un árbol como sabor de agua.
Voy a ir a verte. No se cómo lo haré pero ya lo tengo decidido, solo me preocupa saber que no somos libres en el sentido formal y tradicional de la palabra. A mí se me está acabando el tiempo, me dijo el médico, y aunque no lo creo tampoco quisiera recriminarme una vez mas que no cumplí conmigo misma. Mi deseo más vivo, inmenso y ardiente que tengo en mi vida hoy por hoy es volverte a ver, ver si de verdad la vida nos está dando una oportunidad como me dijiste cuando hablamos ayer. Ojalá que sí.
Se que si te voy a amar, será para toda la vida, y por eso también tengo mucho miedo. No tenemos la vida por delante. No ya.
Esta carta me ha dejado muy agotada, no estoy acostumbrada a estas lides.
Tuya, y que Dios nos ampare,
Sara
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martes, 30 de septiembre de 2008
miércoles, 24 de septiembre de 2008
La historia de Cecilia Solás(67). Una blogonovela cubana.
... E cada verso meu será
Prá te dizer
Que eu sei que vou te amar
Por toda a minha vida...
Vinicius de Morais
Rio de Janeiro, Brazil
(1913 - 1980),
Sara de mis amores, lo que me dices es grave. Tan grave que me he ido a sentar al banco de parque que me conoce a meditar y a pensar en todo lo que me cuentas. No voy a referirme a los consejos de tus amigos Brenda y Guille, porque me parecen de una altísima irresponsabilidad por una parte y de otra porque no soy de los que opino que los problemas hay que tirarlos a broma o a risa. Cada cosa tiene su momento.
Es muy difícil hacer lo que voy a intentar, pero hagamos de la idea que estamos sentados uno frente a otro, y me estas contando casi enloquecida lo que te tiene a mal traer, al mismo andante que percibo en tu mensaje. Lo primero que haría seria abrazarte. Sentir unos brazos que te acompañan si de necesidad de compañía se trata.
Me dices que estás sola, y te digo que no es verdad, me tienes a mi, que no soy mucho, es cierto y que además soy virtual, pero existo, o como diría Descartes, cogito ergo sum o mejor en francés, en el original, "Je pense, donc je suis", o mejor aun lo que quiero decir es que pienso, luego soy, pero en este caso pienso en ti, luego soy y soy por ti y para ti, y esta es una adición mía que estoy seguro que Descartes comprendería, asi que por favor acéptamela sin tanta retorica.
Te digo lo que pienso mi amada Sara, cuando leía tu nota, sufrí, sufrí como solo sufren los que aman, hubiera querido estar a tu lado, y ten la seguridad que no te hubieras emborrachado, en primer lugar porque no se te hubiera ocurrido tomar sola, no hubiera habido pena que disolver en alcohol, y mucho menos deseos de morirse.
Sara, te adivino débil, escurridiza, endeble y eso me alarma. Tener conciencia de lo que es bueno o malo, es un principio socrático, aunque te confieso que dudo de su existencia, pero no de sus verdades. Creo que estas en un punto de inflexión en que debes meditar si quieres seguir viviendo asi “ vomitada y cagada” como me has contado. Y soy capaz de imaginarme cuanta crueldad y miseria pueden haber en esa imagen que me llega a través de tus palabras.
Sara, Sara mia, tienes que venir. Siento que tienes que venir, tenemos que vernos. Si yo pudiera ir, me tendrías hoy mismo allá, pero no depende de mi y no hay modo fácil de lograrlo.
No tienes otra opción Sara, convéncete, tu vida se desmorona, tu cuerpo parece que es fuerte, pero el alma se puede desvanecer y quedarse para siempre ajena. No quiero que eso te pase. Quiero enseñarte todo lo que tienes dentro de ti, y que ni siquiera sabes. Es una orden, ven, ¿Tú crees que te gobiernas?, ¿eh?, ¡Ah! Y como no te gobiernas, te prohíbo que tomes una gota de alcohol, así sea el mejor Chardonnay que haya en el mercado. ¿Me harás caso, aunque sea una vez?
Te beso mucho, te baño, te dejo secar al sol y de esa estampa de mi Sara abandonada y triste, tirada en un rincón no queda ya ni el recuerdo.
Tuyo, José Pablo
Prá te dizer
Que eu sei que vou te amar
Por toda a minha vida...
Vinicius de Morais
Rio de Janeiro, Brazil
(1913 - 1980),
Sara de mis amores, lo que me dices es grave. Tan grave que me he ido a sentar al banco de parque que me conoce a meditar y a pensar en todo lo que me cuentas. No voy a referirme a los consejos de tus amigos Brenda y Guille, porque me parecen de una altísima irresponsabilidad por una parte y de otra porque no soy de los que opino que los problemas hay que tirarlos a broma o a risa. Cada cosa tiene su momento.
Es muy difícil hacer lo que voy a intentar, pero hagamos de la idea que estamos sentados uno frente a otro, y me estas contando casi enloquecida lo que te tiene a mal traer, al mismo andante que percibo en tu mensaje. Lo primero que haría seria abrazarte. Sentir unos brazos que te acompañan si de necesidad de compañía se trata.
Me dices que estás sola, y te digo que no es verdad, me tienes a mi, que no soy mucho, es cierto y que además soy virtual, pero existo, o como diría Descartes, cogito ergo sum o mejor en francés, en el original, "Je pense, donc je suis", o mejor aun lo que quiero decir es que pienso, luego soy, pero en este caso pienso en ti, luego soy y soy por ti y para ti, y esta es una adición mía que estoy seguro que Descartes comprendería, asi que por favor acéptamela sin tanta retorica.
Te digo lo que pienso mi amada Sara, cuando leía tu nota, sufrí, sufrí como solo sufren los que aman, hubiera querido estar a tu lado, y ten la seguridad que no te hubieras emborrachado, en primer lugar porque no se te hubiera ocurrido tomar sola, no hubiera habido pena que disolver en alcohol, y mucho menos deseos de morirse.
Sara, te adivino débil, escurridiza, endeble y eso me alarma. Tener conciencia de lo que es bueno o malo, es un principio socrático, aunque te confieso que dudo de su existencia, pero no de sus verdades. Creo que estas en un punto de inflexión en que debes meditar si quieres seguir viviendo asi “ vomitada y cagada” como me has contado. Y soy capaz de imaginarme cuanta crueldad y miseria pueden haber en esa imagen que me llega a través de tus palabras.
Sara, Sara mia, tienes que venir. Siento que tienes que venir, tenemos que vernos. Si yo pudiera ir, me tendrías hoy mismo allá, pero no depende de mi y no hay modo fácil de lograrlo.
No tienes otra opción Sara, convéncete, tu vida se desmorona, tu cuerpo parece que es fuerte, pero el alma se puede desvanecer y quedarse para siempre ajena. No quiero que eso te pase. Quiero enseñarte todo lo que tienes dentro de ti, y que ni siquiera sabes. Es una orden, ven, ¿Tú crees que te gobiernas?, ¿eh?, ¡Ah! Y como no te gobiernas, te prohíbo que tomes una gota de alcohol, así sea el mejor Chardonnay que haya en el mercado. ¿Me harás caso, aunque sea una vez?
Te beso mucho, te baño, te dejo secar al sol y de esa estampa de mi Sara abandonada y triste, tirada en un rincón no queda ya ni el recuerdo.
Tuyo, José Pablo
sábado, 7 de junio de 2008
La historia de Cecilia Solás(63). Una blogonovela cubana
Si me dieran a elegir, yo elegiría
esta salud de saber que estamos muy enfermos,
esta dicha de andar tan infelices.
Si me dieran a elegir, yo elegiría
esta inocencia de no ser un inocente,
esta pureza en que ando por impuro.
Si me dieran a elegir, yo elegiría
este amor con que odio,
esta esperanza que come panes desesperados.
Aquí pasa, señores,
que me juego la muerte.
Juan Gelman, poeta argentino
Premio Cervantes de Poesia 2007
de "El juego en que andamos"
José Pablo se sirvió un buen trago , ¿Cómo responderle a Sara?, ¿Me dejo llevar por mis sentimientos o por mis emociones?, ¿o dejo que la razón me dicte lo que escriba?. ¿La razón o la sinrazón?. Dejó los dedos fluir libremente sobre el teclado, cuando terminó lo leyó nuevamente, convino con él mismo en que le estaba subiendo la parada a Sara, pero no tenia de otra. Por lo visto Sara era un poco "guanajita", y a las "guanajitas" hay que sacudirlas duro pues sino no reaccionan. Releyó nuevamente en alta voz y esto fue lo que se escuchó en el silencio ya casi de la madrugada:
mi querida coneja de mi corazón de conejo,
que no juega, que ya no es un niño, que está dentro del pecho, del mismo pecho que estalla de emoción cada vez que recibe un mensaje tuyo. Sara, mi Sara, si, porque eres mía, desde hace tantísimo, ¿cómo vas a llamarme mentiroso?, ¿crees que me sobra el tiempo para entretenerme contigo?, ¿de veras me crees irresponsable?, ¡oh Sara! Mi Sara de mi amor, eres injusta, pero se que puedo convencerte que me entiendas y tendré toda la paciencia del mundo y más para que me conozcas tal como soy.
Quiero decir, nosotros compartimos algo muy esencial, ¿o no te das cuenta?, y sería una idiotez arruinarlo por un malentendido, Sara, ¿no ves que estamos fundando algo?, ¿crees de veras que soy un tonto que necesita escribirse con una mujer que no ve desde niño?
Olvida todas esas dudas y todo ese pesimismo de que si nunca regresaras a La Ciudad del Mar… ¿Quién dice?, ¿Quién te lo impide?, si quieres venir pues ven, corre, vuela, y si no ya yo buscaré la manera de vernos, de ir hasta allá. Quiero que pienses sobre lo que ves en nosotros buscando la respuesta en tu pecho, ya que milagros, premoniciones y reflejos anticipados de la realidad son tu fuerte, y jamás pensaría que fuera invento de tu cabeza, en todo caso de tu corazón, y a eso no se pudiera llamar invento.
Eres pícara, siempre lo has sido. Cómo me vas a responder con otra pregunta, cómo vas a regresar la pelota a mi media cancha. Tramposa de mi encanto. Pero te prometí responder a todas tus interrogantes y lo voy a cumplir. Prepárate.
Ante todo, yo no te he puesto así, de sopetón, "¿te gusto?", "¿me quieres?", "¿me estás amando aunque sea un tin?", no. Recuerda, leíste que los arianos tenemos su trono en la cabeza, y me preguntaste tú, picara 24 horas 7 días a la semana, ¿a cuál de las dos cabezas se refería la frase?, y yo te dije que ambas cabezas tienen bocas, gustan besar y ser besadas, sienten impulsos análogos de penetrar, cada una con sus armas. Y me aventuré a decirte que mis dos cabezas, la que tiene seso y la que no lo tiene, te gustarán, si ya no te gustan, y solo entonces vino la pregunta "¿te gusto algo?" Es, como tú dices, subir la parada. O dicho de otra forma, hacer el inverso de lo que tú haces, que es escurrirte. ¿Por qué digo esto?
Tengo sospechas, sospechas que crecen y se desbordan.
La culpa de mis sospechas, en buena medida, es por tu silencio reciente y sostenido sobre "el peso que te quito de encima" cuando hablé de amar para toda la vida más de una vez en la misma vida. En este asunto, la pelota jamás ha salido de tu media chancha.
Alguna vez, si mal no recuerdo, y hablando de mi último cuadro que estoy terminando, te dije que sí, que esa obra me gusta, y te dije que lo que me gusta me hace bien, me complace de un modo físico. Tú me gustas, tú me haces bien, lo percibo no solo en el pecho, en esa residencia del alma, lo percibo en la piel, en la agradable tensión de mis músculos, y si te pienso más, los güebos de Tu Gentil Caballero se encogen, el rabo le comienza a engordar. Porque por un efecto misterioso, lo primero que me ocurre por allá abajo, no es que el tipo se alargue, que también se alarga hasta donde no te preciso si no me lo preguntas, aunque en un mensaje me pediste peso y medidas, sino que engorda.
Sara, por todos los dioses, tal parece que la vida nos está dando una oportunidad. Así lo siento. Porque la vida, la muy cabrona, nos ha abierto una puerta feliz, una puerta soñada. Al menos, yo la he soñado varias veces en mi vida, y el que ahora se nos abra me da una sensación de felicidad. Y seríamos muy cobardes si no la traspasamos esa puerta. Es más, estamos condenados a traspasarla, o por el resto de nuestras vidas, nos arrepentiremos de no haberlo hecho.
Y tampoco pretendo "conquistarte" o “seducirte”, entre otras cosas porque ya te conquisté hace tantísimo, y no te he perdido jamás. Cuando escribo "Sara de mi querer", es exacto, tú eres para mí un querer íntimo y cierto y mío. Y es así porque nosotros, ya te lo he dicho, compartimos algo muy esencial, que no nos permite confundir sexo con amor, ni sensualidad con sentimientos. Además, no somos par de sentimentales, sino dos personas con una gran capacidad de amar.
Y es cierto que alguna vez dije que se puede amar para toda la vida más de una vez, y de eso pudiéramos estar hablando siglos. Pero tengo la corazonada que me he equivocado, quiero amarte para toda la vida y amarte y amarte hasta que se nos acabe la vida. Sara, te estoy ofreciendo mi amor, todo lo que soy, por favor, no me desprecies, no te das cuenta que es lo que nos toca. Te lo digo una vez más y mil veces si fuera necesario, ten fe en mi y en mi amor por ti.
Te besa, José Pablo (continuará)
esta salud de saber que estamos muy enfermos,
esta dicha de andar tan infelices.
Si me dieran a elegir, yo elegiría
esta inocencia de no ser un inocente,
esta pureza en que ando por impuro.
Si me dieran a elegir, yo elegiría
este amor con que odio,
esta esperanza que come panes desesperados.
Aquí pasa, señores,
que me juego la muerte.
Juan Gelman, poeta argentino
Premio Cervantes de Poesia 2007
de "El juego en que andamos"
José Pablo se sirvió un buen trago , ¿Cómo responderle a Sara?, ¿Me dejo llevar por mis sentimientos o por mis emociones?, ¿o dejo que la razón me dicte lo que escriba?. ¿La razón o la sinrazón?. Dejó los dedos fluir libremente sobre el teclado, cuando terminó lo leyó nuevamente, convino con él mismo en que le estaba subiendo la parada a Sara, pero no tenia de otra. Por lo visto Sara era un poco "guanajita", y a las "guanajitas" hay que sacudirlas duro pues sino no reaccionan. Releyó nuevamente en alta voz y esto fue lo que se escuchó en el silencio ya casi de la madrugada:
mi querida coneja de mi corazón de conejo,
que no juega, que ya no es un niño, que está dentro del pecho, del mismo pecho que estalla de emoción cada vez que recibe un mensaje tuyo. Sara, mi Sara, si, porque eres mía, desde hace tantísimo, ¿cómo vas a llamarme mentiroso?, ¿crees que me sobra el tiempo para entretenerme contigo?, ¿de veras me crees irresponsable?, ¡oh Sara! Mi Sara de mi amor, eres injusta, pero se que puedo convencerte que me entiendas y tendré toda la paciencia del mundo y más para que me conozcas tal como soy.
Quiero decir, nosotros compartimos algo muy esencial, ¿o no te das cuenta?, y sería una idiotez arruinarlo por un malentendido, Sara, ¿no ves que estamos fundando algo?, ¿crees de veras que soy un tonto que necesita escribirse con una mujer que no ve desde niño?
Olvida todas esas dudas y todo ese pesimismo de que si nunca regresaras a La Ciudad del Mar… ¿Quién dice?, ¿Quién te lo impide?, si quieres venir pues ven, corre, vuela, y si no ya yo buscaré la manera de vernos, de ir hasta allá. Quiero que pienses sobre lo que ves en nosotros buscando la respuesta en tu pecho, ya que milagros, premoniciones y reflejos anticipados de la realidad son tu fuerte, y jamás pensaría que fuera invento de tu cabeza, en todo caso de tu corazón, y a eso no se pudiera llamar invento.
Eres pícara, siempre lo has sido. Cómo me vas a responder con otra pregunta, cómo vas a regresar la pelota a mi media cancha. Tramposa de mi encanto. Pero te prometí responder a todas tus interrogantes y lo voy a cumplir. Prepárate.
Ante todo, yo no te he puesto así, de sopetón, "¿te gusto?", "¿me quieres?", "¿me estás amando aunque sea un tin?", no. Recuerda, leíste que los arianos tenemos su trono en la cabeza, y me preguntaste tú, picara 24 horas 7 días a la semana, ¿a cuál de las dos cabezas se refería la frase?, y yo te dije que ambas cabezas tienen bocas, gustan besar y ser besadas, sienten impulsos análogos de penetrar, cada una con sus armas. Y me aventuré a decirte que mis dos cabezas, la que tiene seso y la que no lo tiene, te gustarán, si ya no te gustan, y solo entonces vino la pregunta "¿te gusto algo?" Es, como tú dices, subir la parada. O dicho de otra forma, hacer el inverso de lo que tú haces, que es escurrirte. ¿Por qué digo esto?
Tengo sospechas, sospechas que crecen y se desbordan.
La culpa de mis sospechas, en buena medida, es por tu silencio reciente y sostenido sobre "el peso que te quito de encima" cuando hablé de amar para toda la vida más de una vez en la misma vida. En este asunto, la pelota jamás ha salido de tu media chancha.
Alguna vez, si mal no recuerdo, y hablando de mi último cuadro que estoy terminando, te dije que sí, que esa obra me gusta, y te dije que lo que me gusta me hace bien, me complace de un modo físico. Tú me gustas, tú me haces bien, lo percibo no solo en el pecho, en esa residencia del alma, lo percibo en la piel, en la agradable tensión de mis músculos, y si te pienso más, los güebos de Tu Gentil Caballero se encogen, el rabo le comienza a engordar. Porque por un efecto misterioso, lo primero que me ocurre por allá abajo, no es que el tipo se alargue, que también se alarga hasta donde no te preciso si no me lo preguntas, aunque en un mensaje me pediste peso y medidas, sino que engorda.
Sara, por todos los dioses, tal parece que la vida nos está dando una oportunidad. Así lo siento. Porque la vida, la muy cabrona, nos ha abierto una puerta feliz, una puerta soñada. Al menos, yo la he soñado varias veces en mi vida, y el que ahora se nos abra me da una sensación de felicidad. Y seríamos muy cobardes si no la traspasamos esa puerta. Es más, estamos condenados a traspasarla, o por el resto de nuestras vidas, nos arrepentiremos de no haberlo hecho.
Y tampoco pretendo "conquistarte" o “seducirte”, entre otras cosas porque ya te conquisté hace tantísimo, y no te he perdido jamás. Cuando escribo "Sara de mi querer", es exacto, tú eres para mí un querer íntimo y cierto y mío. Y es así porque nosotros, ya te lo he dicho, compartimos algo muy esencial, que no nos permite confundir sexo con amor, ni sensualidad con sentimientos. Además, no somos par de sentimentales, sino dos personas con una gran capacidad de amar.
Y es cierto que alguna vez dije que se puede amar para toda la vida más de una vez, y de eso pudiéramos estar hablando siglos. Pero tengo la corazonada que me he equivocado, quiero amarte para toda la vida y amarte y amarte hasta que se nos acabe la vida. Sara, te estoy ofreciendo mi amor, todo lo que soy, por favor, no me desprecies, no te das cuenta que es lo que nos toca. Te lo digo una vez más y mil veces si fuera necesario, ten fe en mi y en mi amor por ti.
Te besa, José Pablo (continuará)
martes, 27 de mayo de 2008
La historia de Cecilia Solás(62). Una blogonovela cubana.
Julio 2002
Capitulo XVI
“El amor es muy importante en la pintura, cuando se
está pintando, enamorarse de un paisaje como de una
mujer garantiza el éxito.¨
Tiburcio Lorenzo
José Pablo se recostó a la baranda del balcón en su estudio. Le gustaba limpiar los pinceles y tomarse un trago, - preferiblemente del patio- un aguardiente “Santero” con unas gotas de limón. Excelente para relajar después de una ardua jornada. Bebida muy sana, le había dicho un mulato de voz grave, - venerable en sus años - en un bar de los convulsos y grises 70’s. Y hasta hoy.
Lo que él llama el gran fresco de su vida, ahí, delante y cogiendo forma. Un mural enorme de la visita de la Infanta Eulalia a La Habana a principios del año 1893, en plena pre-guerra y que fuera posteriormente documentado por la misma Infanta en un libro antológico, que no viene al caso mencionar. Un muralazo con toda la intencionalidad de un pintor que sabe lo que se trae entre manos. .
José Pablo es un artista emocional, de rasgo, de eso que hay quienes llama la impronta, o más en cubano, la mismísima suerte de ser como soy, ¡y que se jodan los que no me entiendan!
Porque José Pablo es un humanista sin dudas, de ahí que su frase preferida sea: "¡Triste época la nuestra! Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio " Albert Einstein. Tremenda combinación que habla que sus dos lóbulos frontales compiten entre sí. El, un demiurgo, un actor de la escena universal ha sentido siempre más que adoración por el científico judío, y por eso, en parte, se había decidido a pintar este mural, ya con vida propia.
Para cualquier admirador plano, de esos que miran un cuadro sin más afán que la plenitud o la planitud, hubiera avisorado o mal visto cuatro planos. Pero como de eso se trata, de tanta planicie pues vamos a dar rienda suelta al impulso de pintar, o mejor de hacer y de no decir, o de decir sin decir, sugiriendo, embarrando.
El gran fresco de “La visita de La infanta”, no es más que un pretexto; realmente José Pablo aspiraba a fabular sobre la siempre puta vida de La siempre fiel Isla y sus consecuencias, pero él era un pintor, un artista de la plástica, aunque hoy por hoy poca diferencia hay entre un texto y un lienzo, el se cuidaba, ¿y por qué? ¡ah! porque la vida con esa desmedida vocación de acordeón, no iba a aplastarlo, a comprimirlo, !Oye vida, si tienes vocación de fuelle, no la cojas conmigo!, ¡¡eh!!.
Miró al lienzo desde el balcón, un impresionante mural de 10 x 6 metros, donde todo cabía. Y trabajo que había costado armarlo.
La banda académica, en primer plano, anunciaba la llegada de una preciosa rubia: Doña Eulalia María Francisca Margarita Roberta Isabel Cristina De La Piedad De Asís De Paula Infanta De España al puerto de La Habana, vestida de blanco, azul y rojo por puro contraste con tanto oro y sangre de la bandera de todas las Españas. A su lado aunque a prudencial distancia don Anton Mari Lois Philippe Jean Florence Prince d’Orléans et de Borbón, su casquivano esposo y oportunista primo, y un poco más hacia atrás, su joven dama de compañía, vestida de verde y carmelita, al parecer zurda porque tanto el abanico copia de los de Chartrand y algunas flores descansaban en este lado, con un picaresco lunar algo abultado encima del labio hacia la izquierda; y flanqueando a la dama, un hombre con aspecto juvenil y jovial aunque ya maduro cargando libros y mamotretos y con un aire entre intelectual y bailador de tablaos. Por su porte un sevillano, sin dudas, con mezcla de árabe, de ahí el pelo rizado, labios carnosos y piel cetrina. Los gestos, ademanes y maneras de estos cuatro personajes estaban tan perfectamente delineados que más parecían retratos hechos por Juan del Rio en los comienzos del siglo XIX. Todos parecían dibujados con mano de ángel y siguiendo las más estrictas pautas del rigor académico.
Le seguía una segunda banda, mezcla de la llamada vanguardia con los llamados contemporáneos y consistía mayormente en el pueblo que jubiloso recibía a su infanta, en extraña, disonante y premonitoria visión se mezclaban campesinos, vagabundos, chismosas, actores, mironas, trabajadoras de fabricas, chinos culíes, floristas, meretrices, vendedores de frutas con canastas de mangos, piñas, guayabas. Y en medio de la muchedumbre, rutilante como mecías, enigmático y majestuoso un negro vestido de blanco, descalzo, con collares, y un sombrero también blanco cubriéndole la cabeza, con los ojos cerrados y las manos abiertas como recibiendo. ¿Un homenaje a Lam? … quien sabe…una travesura, eso si, un algo inexplicable que rompía con el conjunto al mejor estilo del distanciamiento brechtiano o mejor del Verfremdungseffekt para hablar con propiedad. Un aire del pop plano donde se podía oler la huella de Raúl Martinez con visos de Raunchberg y Warhol. Y un cierto misterio donde se podía casi que aspirar el perfume lingüístico de un Fidelio Ponce, del que es fiel admirador.
La tercera banda sin más: el paisaje del puerto y la entrada a la Bahía, majestuosa y límpida, - genial fabulación per se – cual telón espectacular. El Morro y la Cabaña claros y visibles y a la vez diluidos, donde se podía percibir las huellas de un Gil García y un Tiburcio Lorenzo. Y para tocar a otro santo de su devoción, por encima de los emblemáticos fortines, se alzaban unos mogotes pinareños, en tácito homenaje a Jorge Mañach.
Y la cuarta, ya en medio de un cielo azul limpísimo se sobreponían entre nubes cual basureros al mejor estilo de Tomás Sánchez, catedrales místicas de Gomez Peralta, balsas de maderas que remedaban a un Kcho proselitista y ambiguo y unos capitolios a mal traer que quien sabe que aberrante asociación anticipaban.
El conjunto monumental impresionaba y cada detalle estaba tan bien pensado y compuesto en el lienzo que más que un cuadro parecía una novela pincelada.
No obstante el día no había sido fácil, aunque había adelantado mucho y ya se podía decir que la obra estaba en su fase final. Tomó un papel en sus manos, se sentó en el sillón en el pequeño balcón y leyó nuevamente la carta previamente impresa de Sara. Esta Sara se le rebelaba de algún modo, ¿qué le pasa a esta mujer?, se preguntó en voz alta. ¿Qué quiere?. Pensaba en contestarle de manera definitiva para que se diera cuenta que no tenía opción. O eran o eran. Así de simple. No hay camino alterno.
Se dirigió nuevamente al entramado, buscó una de las partes donde se veía el mar azul al borde del gran muro, un pequeño lugarcito virgen, quizás salvaguardado así a propósito; se saco el rabo y le echó una buena meada al lienzo. Después suspiró aliviado. No hay nada mejor que orinarse en el Malecón de La Habana (continuará)
Capitulo XVI
“El amor es muy importante en la pintura, cuando se
está pintando, enamorarse de un paisaje como de una
mujer garantiza el éxito.¨
Tiburcio Lorenzo
José Pablo se recostó a la baranda del balcón en su estudio. Le gustaba limpiar los pinceles y tomarse un trago, - preferiblemente del patio- un aguardiente “Santero” con unas gotas de limón. Excelente para relajar después de una ardua jornada. Bebida muy sana, le había dicho un mulato de voz grave, - venerable en sus años - en un bar de los convulsos y grises 70’s. Y hasta hoy.
Lo que él llama el gran fresco de su vida, ahí, delante y cogiendo forma. Un mural enorme de la visita de la Infanta Eulalia a La Habana a principios del año 1893, en plena pre-guerra y que fuera posteriormente documentado por la misma Infanta en un libro antológico, que no viene al caso mencionar. Un muralazo con toda la intencionalidad de un pintor que sabe lo que se trae entre manos. .
José Pablo es un artista emocional, de rasgo, de eso que hay quienes llama la impronta, o más en cubano, la mismísima suerte de ser como soy, ¡y que se jodan los que no me entiendan!
Porque José Pablo es un humanista sin dudas, de ahí que su frase preferida sea: "¡Triste época la nuestra! Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio " Albert Einstein. Tremenda combinación que habla que sus dos lóbulos frontales compiten entre sí. El, un demiurgo, un actor de la escena universal ha sentido siempre más que adoración por el científico judío, y por eso, en parte, se había decidido a pintar este mural, ya con vida propia.
Para cualquier admirador plano, de esos que miran un cuadro sin más afán que la plenitud o la planitud, hubiera avisorado o mal visto cuatro planos. Pero como de eso se trata, de tanta planicie pues vamos a dar rienda suelta al impulso de pintar, o mejor de hacer y de no decir, o de decir sin decir, sugiriendo, embarrando.
El gran fresco de “La visita de La infanta”, no es más que un pretexto; realmente José Pablo aspiraba a fabular sobre la siempre puta vida de La siempre fiel Isla y sus consecuencias, pero él era un pintor, un artista de la plástica, aunque hoy por hoy poca diferencia hay entre un texto y un lienzo, el se cuidaba, ¿y por qué? ¡ah! porque la vida con esa desmedida vocación de acordeón, no iba a aplastarlo, a comprimirlo, !Oye vida, si tienes vocación de fuelle, no la cojas conmigo!, ¡¡eh!!.
Miró al lienzo desde el balcón, un impresionante mural de 10 x 6 metros, donde todo cabía. Y trabajo que había costado armarlo.
La banda académica, en primer plano, anunciaba la llegada de una preciosa rubia: Doña Eulalia María Francisca Margarita Roberta Isabel Cristina De La Piedad De Asís De Paula Infanta De España al puerto de La Habana, vestida de blanco, azul y rojo por puro contraste con tanto oro y sangre de la bandera de todas las Españas. A su lado aunque a prudencial distancia don Anton Mari Lois Philippe Jean Florence Prince d’Orléans et de Borbón, su casquivano esposo y oportunista primo, y un poco más hacia atrás, su joven dama de compañía, vestida de verde y carmelita, al parecer zurda porque tanto el abanico copia de los de Chartrand y algunas flores descansaban en este lado, con un picaresco lunar algo abultado encima del labio hacia la izquierda; y flanqueando a la dama, un hombre con aspecto juvenil y jovial aunque ya maduro cargando libros y mamotretos y con un aire entre intelectual y bailador de tablaos. Por su porte un sevillano, sin dudas, con mezcla de árabe, de ahí el pelo rizado, labios carnosos y piel cetrina. Los gestos, ademanes y maneras de estos cuatro personajes estaban tan perfectamente delineados que más parecían retratos hechos por Juan del Rio en los comienzos del siglo XIX. Todos parecían dibujados con mano de ángel y siguiendo las más estrictas pautas del rigor académico.
Le seguía una segunda banda, mezcla de la llamada vanguardia con los llamados contemporáneos y consistía mayormente en el pueblo que jubiloso recibía a su infanta, en extraña, disonante y premonitoria visión se mezclaban campesinos, vagabundos, chismosas, actores, mironas, trabajadoras de fabricas, chinos culíes, floristas, meretrices, vendedores de frutas con canastas de mangos, piñas, guayabas. Y en medio de la muchedumbre, rutilante como mecías, enigmático y majestuoso un negro vestido de blanco, descalzo, con collares, y un sombrero también blanco cubriéndole la cabeza, con los ojos cerrados y las manos abiertas como recibiendo. ¿Un homenaje a Lam? … quien sabe…una travesura, eso si, un algo inexplicable que rompía con el conjunto al mejor estilo del distanciamiento brechtiano o mejor del Verfremdungseffekt para hablar con propiedad. Un aire del pop plano donde se podía oler la huella de Raúl Martinez con visos de Raunchberg y Warhol. Y un cierto misterio donde se podía casi que aspirar el perfume lingüístico de un Fidelio Ponce, del que es fiel admirador.
La tercera banda sin más: el paisaje del puerto y la entrada a la Bahía, majestuosa y límpida, - genial fabulación per se – cual telón espectacular. El Morro y la Cabaña claros y visibles y a la vez diluidos, donde se podía percibir las huellas de un Gil García y un Tiburcio Lorenzo. Y para tocar a otro santo de su devoción, por encima de los emblemáticos fortines, se alzaban unos mogotes pinareños, en tácito homenaje a Jorge Mañach.
Y la cuarta, ya en medio de un cielo azul limpísimo se sobreponían entre nubes cual basureros al mejor estilo de Tomás Sánchez, catedrales místicas de Gomez Peralta, balsas de maderas que remedaban a un Kcho proselitista y ambiguo y unos capitolios a mal traer que quien sabe que aberrante asociación anticipaban.
El conjunto monumental impresionaba y cada detalle estaba tan bien pensado y compuesto en el lienzo que más que un cuadro parecía una novela pincelada.
No obstante el día no había sido fácil, aunque había adelantado mucho y ya se podía decir que la obra estaba en su fase final. Tomó un papel en sus manos, se sentó en el sillón en el pequeño balcón y leyó nuevamente la carta previamente impresa de Sara. Esta Sara se le rebelaba de algún modo, ¿qué le pasa a esta mujer?, se preguntó en voz alta. ¿Qué quiere?. Pensaba en contestarle de manera definitiva para que se diera cuenta que no tenía opción. O eran o eran. Así de simple. No hay camino alterno.
Se dirigió nuevamente al entramado, buscó una de las partes donde se veía el mar azul al borde del gran muro, un pequeño lugarcito virgen, quizás salvaguardado así a propósito; se saco el rabo y le echó una buena meada al lienzo. Después suspiró aliviado. No hay nada mejor que orinarse en el Malecón de La Habana (continuará)
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" La visita de la Infanta",
Jose Pablo
miércoles, 23 de abril de 2008
La historia de Cecilia Solás(59). Una blogonovela cubana.
Julio 2002.
Capitulo 14.
Amor que me has buscado sin buscarte,
no sé qué vale más:
la palabra que vas a decirme
o la que yo no digo ya...
LA BALADA DEL AMOR TARDÍO
de Dulce María Loynaz
Sarita de mi querer,
de las cuatro mujeres sentadas en el sofá, hay una demasiado pequeña para que seas tú. La muchacha que sostiene en las piernas a la más diminuta de las mujeres en esa foto, tendrá unos quince años, así que tampoco eres tú. En fin, solo cabe que tú seas, o la señora de la extrema derecha, o la del centro, pero creo que uuuuh, rebasan tu edad en mucho. Conclusión, acaba de enviarme una foto tuya.
Me preguntas como ama un ariano, y entreveo que es una pregunta indirecta muy directa, pues te digo, el amor, de por sí, no tiene fin. Cuando uno se enamora, lo sabes, se enamora para toda la vida. Si al final la relación amorosa duró un año o una noche, es tal vez por hijeputancia de la vida. Pero no hay dudas que si se ama, se ama para siempre. Gracias a quien haya que agradecer, uno puede enamorarse para toda la vida varias veces en una misma vida.
En cuanto a utilizar la cabeza y no dejarme llevar por la fogosidad, bueno, no creas, soy a tiempo completo un animal, y a ratos hasta llego a racional. No todo el mundo logra hacer entrar los absurdos en las leyes de la lógica, y en eso soy especialista.
Y puede que en ocasiones me pase de la raya, pero no por buscar sensaciones fuertes, dinamismo y aventuras, ni por llegar a relaciones inter-personales arrebatadas, lo que busco es ser fiel a la vida. La vida me abre una puerta agradable, amable, codiciable, soñada, y me lanzo a traspasarla con una extraña sensación de vértigo y felicidad.
Claro que es tarde para que apague mis fuegos, sea mesurado, por no decir frío y calculador. Ahora bien, jamás confundo sexo con amor, ni sensualidad con sentimientos.
Donde dice, "el signo de Aries rige como parte del cuerpo humano a la cabeza", pues no, Sarita, no se refiere a la que está en la punta de la barriga. Pero es verdad que ambas cabezas tienen bocas, gustan besar y ser besadas, sienten impulsos análogos de penetrar, cada una con sus armas. Y creo que ambas te gustarán, si ya no te gustan algo. ¿Te gusto algo?
Un beso.
Capitulo 14.
Amor que me has buscado sin buscarte,
no sé qué vale más:
la palabra que vas a decirme
o la que yo no digo ya...
LA BALADA DEL AMOR TARDÍO
de Dulce María Loynaz
Sarita de mi querer,
de las cuatro mujeres sentadas en el sofá, hay una demasiado pequeña para que seas tú. La muchacha que sostiene en las piernas a la más diminuta de las mujeres en esa foto, tendrá unos quince años, así que tampoco eres tú. En fin, solo cabe que tú seas, o la señora de la extrema derecha, o la del centro, pero creo que uuuuh, rebasan tu edad en mucho. Conclusión, acaba de enviarme una foto tuya.
Me preguntas como ama un ariano, y entreveo que es una pregunta indirecta muy directa, pues te digo, el amor, de por sí, no tiene fin. Cuando uno se enamora, lo sabes, se enamora para toda la vida. Si al final la relación amorosa duró un año o una noche, es tal vez por hijeputancia de la vida. Pero no hay dudas que si se ama, se ama para siempre. Gracias a quien haya que agradecer, uno puede enamorarse para toda la vida varias veces en una misma vida.
En cuanto a utilizar la cabeza y no dejarme llevar por la fogosidad, bueno, no creas, soy a tiempo completo un animal, y a ratos hasta llego a racional. No todo el mundo logra hacer entrar los absurdos en las leyes de la lógica, y en eso soy especialista.
Y puede que en ocasiones me pase de la raya, pero no por buscar sensaciones fuertes, dinamismo y aventuras, ni por llegar a relaciones inter-personales arrebatadas, lo que busco es ser fiel a la vida. La vida me abre una puerta agradable, amable, codiciable, soñada, y me lanzo a traspasarla con una extraña sensación de vértigo y felicidad.
Claro que es tarde para que apague mis fuegos, sea mesurado, por no decir frío y calculador. Ahora bien, jamás confundo sexo con amor, ni sensualidad con sentimientos.
Donde dice, "el signo de Aries rige como parte del cuerpo humano a la cabeza", pues no, Sarita, no se refiere a la que está en la punta de la barriga. Pero es verdad que ambas cabezas tienen bocas, gustan besar y ser besadas, sienten impulsos análogos de penetrar, cada una con sus armas. Y creo que ambas te gustarán, si ya no te gustan algo. ¿Te gusto algo?
Un beso.
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