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martes, 26 de agosto de 2008

La historia de Cecilia Solás(66). Una blogonovela cubana.

Ahí está lo que fue: la terca espada
del sajón y su métrica de hierro,
los mares y las islas del destierro
del hijo de Laertes, la dorada
luna del persa y los sin fin jardines
de la filosofía y de la historia,
el oro sepulcral de la memoria
y en la sombra el olor de los jazmines.
Y nada de eso importa. El resignado
ejercicio del verso no te salva
ni las aguas del sueño ni la estrella
que en la arrasada noche olvida el alba.
Una sola mujer es tu cuidado,
igual a las demás, pero que es ella.

“Al triste”, poema de Jorge Luis Borges
(1899 - 1986)

¡Eh! ¿Pero qué hacen ustedes aquí?. Era Sara que con expresión asombrada le daba la bienvenida a sus amigos de siempre, Guille y Brenda.
- Ustedes nunca vienen, ¿qué los trae por acá?
- Nada, pasamos a saludar, ¿o es qué te has aplatanado tanto que hay que avisarte con anticipación?
- Pues claro, que no. Ustedes son más que bienvenidos. Se quedan a comer, ¿verdad?
- ¿Y Hernán?
- Si supieras que no se. Salió temprano para el trabajo parece. No lo veo desde ayer.
- Y tú como andas, bueno, cuéntanos chica, ¿cómo te lleva la vida
- ¿Y tu amigo el exhibicionista porno del rabo encendio?, ¿te sigues escribiendo con él?.. si supieras como me acuerdo de ese tipo...
.


- Si te refieres a Pablito el pintor, pues si, seguimos comunicados, nos escribimos muy a menudo por no decirte que todos los días ……
- ¿Y no tienes ninguna fotico nueva por ahí para hacerme la boca agua?
- Oye Guille no empieces con tus paterias, que por aquí no hay charco. Nunca más me ha mandado fotos como las de aquella vez, y si supieras que Pablo es un hombre muy serio y formal, aquello fue un chiste infeliz que no quiero ni mencionar. Pablo es un hombre respetabilísimo… cualquiera tiene una pifia, ¿ o no?
- ¡Si, si!, well, well como decía John Lennon… ¿serio?, ¿eso?... ¡ay Dios! Baja y mátala… por boba. Sara la boba y el pintor casto… ¡que risa me da!
- Sara, ¿qué es eso que tienes en el brazo?
- ¿Qué?
- Ese morado… deja ver, ven acá….
- Me caí…
- ¿Cómo así?
- Si, me fui de copas y me caí.
- ¿Te fuiste de copas?, ¿tú sola? ¿y nadie te ayudó?, se ve feo el brazo…
- ¿Quién me va a ayudar?
- Pues tu marido… ¿quien más?, ¿o tú no te acuerdas aquello que dijo el cura el dia de la boda “de en las buenas y en las malas”?
- !Uyyy! Sari, pero que feo tienes ese brazo. ¿Fuiste al médico?... Guille si, está feo, feo…feísimo…
- No.. ya se me pasará…. No es nada…
- No es nada, ha sido el viento, - asi dijo un poeta -… me enjugaré una lágrima y jamás lo sabrás… Oye …tú no te cuidas… ¿qué te dijo Hernán cuando te vio el brazo?
- Nada, no dijo nada. Además se puso furioso, no creo que me haya visto el brazo.
- ¿Pero te vio?
- Si, pero yo estaba borracha imagínate, tú sabes cómo es él, desde ayer no me habla. Me vio borracha y se fue, me dijo que no resistía verme así, y yo lo comprendo porque…
- Que tu comprendes… ¿ qué?....
- Oye Brenda, oye lo que dice Sara. Mira Sara tienes el brazo ese con un morado muy feo, es un hematoma tremendo, y dale gracias a Dios que fue en el brazo, ¿y Hernán no se conmovió viéndote asi…?
- Hernán no resiste que yo tome, y cuando llegó estaba pasada… imagínate, tampoco es una fiesta…
- Pero que hizo… ¿qué hizo él cuando te vio?
- Oye Brenda, estás lela, ¿no entendiste?, mira mi'jita ya Sari lo dijo… se fue, se marchó, hizo mutis por el foro , asi ¡plufff!, como el viento….y dejó a nuestra amiga abandonada en las tinieblas del alcohol. Sola, fane y descangallada como dice el tango. Oye Sari la próxima vez avísanos y formamos una aquí… que cuando llegue Hernán se muere.
- Ay Guille, no juegues….mira que yo, que yo…
- Pero Sara, que es eso, ¿lloras?, ¿estás llorando?, pero si estaba jugando… Brenda, mira para nuestra amiga, ven, Sari déjame abrazarte… di algo, Brenda, di algo que estás muy callada y mira a la Sarita como se me ha puesto, a ver divina mía, ven aca…
- ¿Que diga algo? …, si no tengo palabras para decir lo que pienso. Pero lo voy a decir.
- Sara, te voy a decir lo único que me viene a la mente., Tu marido es un maricón, un pusilánime. Te vio así y se fue. Y tú casi que lo justificas. ¡Es tu vida Sara!, ¡tu vida!. No le importó tu vida, estabas mal y se fue, ¿por qué se fue?, ¿eh?. Mira chica eso no lo hace un hombre. Ni que fueras un perro. Si hasta los perros tiene derecho... Me da pena decírtelo, pero piensa Sara, para qué tú quieres un tipo así, ¿es que tienes que ser perfecta?, mira yo he tenido 5 maridos y ninguno, ni el peor de todos me trató así. Nunca me abandonaron cuando los necesité. De alguien asi solo hay que esperar lo peor.
- Ay Brenda, cállate vieja, que mira que se está poniendo peor. Ya. No era eso lo que yo quería que le dijeras.
- A ver, mi Sari, mi linda, ya, no te pongas así, ven déjame enjugarte esas lagrimitas. No le hagas caso a Brenda que tú sabes que ella es muy emotiva.
- No Guille, si creo que tiene razón… ayer me sentí tan mal cuando se fue y me dejó, vomitada, cagada, sin poderme levantar… ¿pero qué puedo hacer?
- Ay no, Sari, no me des cuerda… ¿quieres que te diga lo que tienes que hacer?, después no me digas…(continuará)

jueves, 6 de diciembre de 2007

La historia de Cecilia Solás(36). Una blogonovela cubana.

Capitulo 9.
Mayo 2002. La torre de Babel.

From: sara.llogat@yahoo.com
Sent: Saturday, May 11, 2002 11:30 PM
To: JPabloRamirez@cubarte.cult.cu
Subject: !Que pena!, me siento avergonzada…


Querido Pablito,
¡que pena!... no recuerdo nada de esos strip-teases infantiles que me sacas del baúl de los recuerdos, pero si tú lo dices no tengo que pensar que es mentira. Pablito, ¿no será esta una más de tus travesuras? si recuerdo que eras mi mejor amigo, por eso nunca te olvidé, pudiera decirte que fuiste mi primer gran amigo. Me gustaba estar contigo, eras muy simpático, y sobre todo eras un niño amoroso, al menos conmigo. Recuerdo tu carita sonriente y aquellos dientones que te salieron y te hacían sufrir. También recuerdo un hundimiento en el pecho que enseñabas con preocupación y que siempre decías que algún día te lo quitarían, y yo en mi mente inocente temblaba de pensar que tendrías que operarte. Pero ¡ay Dios! La vergüenza me embarga por mis incipientes desnuditos!

¿Y de qué más te acuerdas de nuestra infancia en común?

Otra cosa, porque me pareces confundido. Yo solo me he casado con Hernán. Tanto la foto de mi boda aquí, como la de hace ya veintipico de años son con Hernán. El asunto es que como tú bien dices, yo mantengo la hermosura y a Hernán el tiempo le ha cobrado peaje. Pero fíjate bien para que veas que es el mismo.

Y tu esposa… ¿cómo es ella?

De mi vida que te cuento, trabajo, duermo, trabajo, duermo, y así. A veces salgo a algún lugar sencillo, a comer, al cine. A Hernán mi esposo no le gusta salir y ya me he acostumbrado. Los muchachos están en una edad difícil que consumen tiempo. Mi vida en realidad es monótona. Gano dinero, y ya. Por eso me da tanta alegría poder escribirme contigo, me alegras, eres ocurrente, y tus historias llenas de encanto.

Es muy tarde, y el sueño me vence. Por lo visto tú eres noctámbulo. Yo tengo que madrugar, así que mejor me voy a dormir. Cuéntame de tu hija. ¿Cómo es?

all my loving, un beso, Sarita


From: JPR [Jpabloram62us@yahoo.com]
Sent: Wednesday, May 15, 2002 5:30 AM
To: Sarita [mailto: sara.llogat@yahoo.com]
Subject: RE: !Que pena!, me siento avergonzada…

Mi querida Sara,
solo digo la verdad, hasta donde alcanzo. Así que lo dicho sobre nuestro tiempo de párvulos, es el evangelio vivo. Y claro que eras una deliciosa cabroncita. Y nada de pena por la bataclanada de encanto.

Pero eso que me dices de "trabajo y duermo y trabajo y duermo... y asi". Me suena triste. Explícame, por favor

No te escribo con la asiduidad que quisiera, que mereces, estoy atorado de trabajo, amén de los compromisos con la Bienal de La Habana, que se multiplican por día.

Claro que es un recuerdo muy especial nuestra vida de párvulos. Y te juro que el resto de los recuerdos son inconexos, niños de aquella escuela incluidos, niños borrosos, poco menos que inexistentes. Solo tú sales nítida entre tanta niebla del ayer.
Creo que el colegio Abdala dejó de existir algún tiempo después. De algún modo eso nos distanció por más de treinta años. No es poco, ¿eh?
El inglés nunca lo he aprendido. Hablo y leo no sé cómo. Me pasa igual que con el italiano. En Italia he dictado seminarios de dramaturgia en ese idioma, pero nunca lo he estudiado. Por supuesto, sí he consultado gramáticas y diccionarios. El francés es otra cosa, porque en la Alianza llegué hasta terminar traducción, y de hecho me he ganado algún dinero traduciendo.
Con el ruso me pasa algo curioso, en el año 88 fui a Bulgaria porque allá querían montar "El travieso Jimmy" de Carlos Felipe, y pidieron un asesor, como yo era ducho en análisis dramático, además de trabajar como escenográfo en aquellos tiempos, y sabía un buen ruso, lo había estudiado en una escuela de La Lonja Del Comercio, y lo había perfeccionado con una rusa que comenzó dándome clases de perfeccionamiento en La Casa De La Amistad y terminamos en un romance bastante raro. Pero qué cosa, ahora no me acuerdo de nada, no sé nada. Temo que se me haya olvidado por completo.

En cuanto al hundimiento del pecho, ahí está, es herencia paterna, y por poco me operan, pero no se para que. Está ahí, algún día lo veras. Tienes muy buena memoria tú también.
Mi esposa Magela es una mujer maravillosa, nos llevamos casi 20 años. Cuando empezamos ella era aun estudiante de Pre. Se ha hecho mujer conmigo. Hoy en día es una mujer hecha y derecha. Y no siento para nada la diferencia de edades. Y es que yo por naturaleza tiendo a ser muy juvenil, aunque muy maduro. No te confundas, no me creas un loco. Vivo consagrado a mis pinturas, mi mujer y mi hija y a mi hijo Pavel que tiene 17 años, aunque vive con su madre y no conmigo, y está becado. Ese es mi mundo. Te contaré de mis hijos más, no alcanza un solo mensaje para hablarte de mi orgullo mayor. Tú igual háblame de los tuyos, cada vez que puedas.

Pero cuéntame más de ti, de tus cosas, no me canso de preguntarte, quiero saber como eres, qué piensas cuando despiertas… todo, todo de ti me parece interesante, y prometedor.

No cabe duda que otro idioma es otra tierra, otra manera de percibir y decirlo, casi de sentir. El ejemplo más claro que se me ocurre, es que has puesto, por primera vez, "all my loving". Y es como una puerta que se abre a otra zona de entendimiento mutuo.
Por supuesto, sería una extravagancia impensable que arrancáramos ahora mismo a escribirnos en otra lengua, ni que nos hiciera falta pensarnos con otra cabeza.

Un beso,

Por favor escríbeme mejor por este otro correo, que es el que he usado hoy, y he abierto especialmente para nuestra correspondencia, Jpabloram62us@yahoo.com
(continuará)

martes, 4 de diciembre de 2007

La historia de Cecilia Solás(35). Una blogonovela cubana

Capitulo 9
Mayo 2002. Incitaciones precoces.

From:sara.llogat@yahoo.com
Sent: Monday, May 8, 2002 10:50 AM
To:mailto:JPabloRamirez@cubarte.cult.cu

Pablito,

No te escribí pues he tenido unos días de perros. He salido de trabajar tardísimo y no he parado ni un minuto, y para colmo Hernán se enfermó, así que en la casa también tenia cosas extras que cumplir. Pero ya hoy todo volvió a la calma.

Me asusta tu agitación.¿Eres siempre así? No puedo creer que de verdad sea una musa para ti, pero una musa fea que no te deja concentrar. Casi me obligas a escribirte con asiduidad y rigor para no ser la causante de algún descalabro pictórico.

Los otros días pensaba que había algo raro en nuestra infancia, a pesar de la amistad y de tanto andar juntos esperando que mi papá nos recogiera nunca nos dio por hacernos noviecitos ni nada de eso, no recuerdo ningún incidente de ese tipo. Bueno, también recuerdo de la cantilena de mi madre diciéndome “que las niñas no tienen novio” … éramos amiguitos.

Mira, aquí te mando unos artículos sobre la Infanta Eulalia, las encontré en Internet, y unas fotos mía de mi primera boda en la Ciudad del Mar y de una boda que hicimos ya aquí el año pasado Hernán y yo al cumplir 20 años de casados. Me casé muy joven, empezando la carrera, pero bueno de mi vida te contaré más en otro momento. Quiero que este mensaje salga ya. ¡Mira que hora es! Casi las doce, no vaya a ser que coja fama de musa mala y eso si no me lo perdonaría.

Un beso, Sarita

From: JPabloRamirez@cubarte.cult.cu
Sent: Monday, May 8, 2002 10:50 PM
To: mailto:sara.llogat@yahoo.com


Querida Sarita,

Gracias por los artículos sobre la Infanta, me van a servir para mi idealización, sin dudas, y por las fotos tuyas, first wedding included. Por cierto, veo que tu primer matrimonio duró poco. Y sé que Hernán es hombre afortunado. Más que todo, noto que tu preciosura transita sin alteración de la infancia a la madurez (vamos a llamarla así), y que mantienes la simpatía intacta, y seguro hay más virtudes que no alcanzo. No cabe duda, te envidiarían las filósofas griegas.
Una noticia. Posiblemente en el otoño-invierno me hagan una muestra de toda mi obra aquí y en Lyons o en Nuremberg aun no se, a la misma vez. Desde ya estás invitada. A cualquiera de los tres lugares o a los tres. Sería fascinante verte.

Me dices, "a pesar de la amistad y de tanto andar juntos esperando que mi papá nos recogiera nunca nos dio por hacernos noviecitos ni nada de eso, no recuerdo ningún incidente de ese tipo". Pues tienes mala memoria, la castidad no era nuestro fuerte. Por ejemplo, a partir de un momento que no puedo definir, comenzaste a enseñarme el color de tu blúmer día tras día, ya sea porque yo te lo preguntaba o porque tú me lo mostrabas sin más. Era una operación sencilla, y por supuesto furtiva. Recuerdo que nuestro ideal de vida era ser tú y yo un dúo de cantantes de moda, no recuerdo sus nombres, pero si se que eran muy malos, pero muy casados y promocionados. Y mi memoria me dicta que mis primeras incitaciones voluptuosas fueron contigo. Sí, lo sé muy bien. Es cierto que había cosas más importantes, que el simple hecho de andar juntos era más que suficiente. Recuerdo al detalle que un día estábamos jugando de manos, cosa que hacíamos de continuo, tú quedaste debajo de mí, sobre la mesa, una de las mesas que nos servían de pupitre, o para hacer trabajos manuales, qué coincidencia, y sentí, como si fuera una revelación, que me gustaba presionar tu pelvis con mi pelvis. Sé que no tuve erección, no creo que algo memorable se me pudiera parar a esa edad. La primera sensación que recuerdo, aunque pudo haber anteriores y mi memoria no las registra. Volvamos a los niños que fuimos. Sé que en nuestra escuela, tanto los varones como las hembras, nos tenían por enamorados, que era la expresión al uso, y de varios modos nos queríamos, nos necesitábamos, y sabes que esos barrios están muy cerca del suburbio amor.

Un beso grande, José Pablo

sábado, 24 de noviembre de 2007

La Historia de Cecilia Solás(30). Una blogonovela cubana

Capitulo 8
Mayo 2002. La resaca infinita.

- Vamos a subir, Sara
-¿Qué hora es?
-Es tarde.
-No, es temprano.
-¿No vas a subir?
-No, Hernán.
-Nos ponemos de pie y subimos.
-Dije que no, y ya. ¿Estas sordo también?
-¿Por qué no, Sara?
-No puedo.
-Pero si…
-Nada. No quiero.
-Está bien, Sara no subimos.
-Bueno, si hay que subir… subo , pero déjame en paz, ¿quieres?

Al rato:

-Tenemos que bajar.
-¿Qué hora es?
-Ya es tarde.
-No, no es tarde.
-¿No vamos a bajar?
-No, baja tú.
-Nos vestimos y bajamos.
-Dije que no, y yo estoy vestida. ¿No me ves?
-¿Cómo que no?
-No quiero.
-Pero si…
-Nunca.
-Está bien, mi amor, no bajamos.
-Bueno, si hay que bajar… bajo, pero ya .. no jodas más.

lunes, 19 de noviembre de 2007

La historia de Cecilia Solás(28). Una blogonovela cubana

Capitulo 8
Mayo 2002. Cuando el mar es verde ...

Sara llegó como siempre algo tarde y muy cansada. Entró en la casa y la encontró a oscuras, algo raro, pues a esa hora toda su familia la esperaba o para que cocinara o para comer juntos en caso que ya Hernán hubiera tomado la decisión de resolver la cena.

Un olor fragante a jazmín, algo muy agradable inundaba las penumbras. Tratando de seguir el olor dio con su propia habitación. Para sorpresa había una mesa pequeña muy bien puesta con velas, una cubeta con champagne helándose y una mesita al lado con varios platos tapados en fuentes de plata, al mejor estilo de un restaurante francés.

Pero de Hernán ni el rastro. Siguió avanzando al ver una luz parpadeante en el baño que quedaba dentro de la habitación…

Descubrió el jacuzzi lleno de pequeños lirios, sus flores preferidas y una hermosa vela en forma de orquídea que desprendía un sutil olor a sándalo… al lado una postal y un estuche pequeño… lo abrió y los destellos de tres brillantes engarzados en una sortija la hicieron parpadear. Abrió la postal y leyó:

Hoy hace 25 años que te conocí en minifaldas y trenzas, sentada en un aula de la Escuela de Matemáticas. Nos merecemos estar otros 25 años más juntos (al menos) y celebrar hoy este día tan especial para mi, espero que para ti también.

Sara se sintió parte de un comercial de esos que había visto por la Televisión anunciando una joyería famosa, de esos que terminan diciendo “ y la mejor forma de decirle que la amas es con un diamante”. Una rara sensación de no pertenecer a ese mundo la recorrió en silencio, aunque rápidamente se dio cuenta que Hernán estaba tratando por todos los medios que los días de discusión y culpas quedaran atrás. Y se lo agradeció.

Ella también había sentido que tení a que hacer algo para que no quedara por ella si este matrimonio se iba a pique, así que se sintió halagada, aliviada y feliz de ver que Hernán, tan práctico él, estaba decidido también a poner de su parte.

Pero Hernán no aparecía. Claro formaba parte del juego que ella adivinó. Y se sentó pacientemente al borde de la bañera a esperar por el caballero.

Entretenida mirando el anillo y la carta, no sintió cuando Hernán atravesando la puerta se le franqueó con un bello ramo de orquídeas, ella le sonrió contenta, y por qué no, enternecida del gesto, de esta manera nueva de tratar de reinventar el amor y lo abrazó emocionada, aunque sin brillo en la mirada.

- Sara, mi cielo, he meditado mucho estos días…. Y creo que debemos darnos una oportunidad, tú has trabajado tanto en estos cinco años y estamos tan estresados y presionados que no nos dimos cuanta que el proceso de adaptarnos nos estaba cobrando el peaje. Hagamos lo posible por seguir unidos… te lo pido y acéptame el anillo como prueba de mi amor por ti.

Sara no sabía que responder, a decir verdad le jodía el gasto del anillo que quién sabe cuanto podía haber costado y la sorpresa aunque agradable no le dejaba de recordar algo ya visto, aunque fuera la primera vez en su vida que recibiera semejante homenaje. Su vida como la de cualquier cubana llegada al exilio se había movido de ir a una fiesta en casa de amigos en Cuba ambientada por una botella de ron cualquiera y unas croqueticas de quiénsabequé a las tardes de barbecue en casa de algún primo en Miami o alguna suntuosa fiesta en un banquet hall celebrando un cumpleaños, boda o aniversario. Pero se dio cuenta del esfuerzo y las intenciones de Hernán y no pudo evitar que unas lágrimas silenciosas demostraran a las velas, el anillo, los lirios y al mismísimo Hernán que un sentimiento profundo la embargaba.

Hernán abrió el champagne, lo sirvió en dos copas y le pidió que entrara entre los lirios y el agua para que se relajara y así poder conversar, hablaron de lo divino y lo humano, de sus preocupaciones, dudas y esperanzas, en fin, hacía mucho tiempo que eso no sucedía, aunque ella siempre hubiera estado dispuesta a hacerlo de la manera más simple y no rodeada de un escenario tan fastuoso digno de una Madame Pompadour.

Hernán especialmente cariñoso y amoroso, y Sara preguntándose si de verdad esto pudiera ser el comienzo de algo bueno o el fin de algo malo.

Estaban en los postres. La cena cocinada por el chef Hernán como una muestra más de su intención en la reconquista había sido suculenta y espaciada. Cuando de pronto…

- Déjalo que suene Hernán, es tu celular, no lo cojas.
- Pero mira Sari, es mi tía.
- La llamas después, mira que si es tu tía es para largo.
- Mira mejor ve a buscar un oporto que tengo allá abajo, y yo la liquido rápido.

En un santiamén Sara bajó a la cocina, tomó la botella de oporto y se disponía a entrar en la habitación cuando …

- No tía, no se lo he dicho, pero ya se lo diré, si seguro que vamos, descuida tía, el sábado a la una estaremos allí los dos. Si, todo bien, el anillo le encantó, bueno tía, un beso. Si, ella bajó a buscar oporto. Bueno, besos tía.

- ¿Adónde vamos Hernán?, Sara sonreía con cierta aprehensión acostumbrada como estaba a que todo se le convirtiera en sal y agua cuando menos lo esperaba.

- Sari, tía que quiere que vayamos a un acto con ella el sábado en la Ciudad Dorada.

- ¿Un acto?, ¿un acto?, ¿de qué?

- Es para recoger fondos para convertir la casa en que vivió el niño en un museo.

- Mira Hernán, el niño ya se fue con su padre hace varios días, lo sabes. Ya chico, ya eso se acabó. Gracias a Dios. Yo no voy a ningún lado, sabes bien de todos los disgustos que he recibido por decir que yo estaba de acuerdo con que el niño regresara. Ni muerta voy a ese ni a ningún acto.

- Sarai, mi amor, ¿qué más te cuesta?, tómalo como una muestra que te pido que de verdad quieres que resolvamos nuestros asuntos y sigamos juntos. Además mi tia…

- ¿Qué dices?, ¿qué tiene que ver lo nuestro con el niño, el museo, la tía y la madre de los tomates? No Hernán, no. No mezcles cosas.

- Pues allá tú, Sara, estoy tratando y tratando y tú no das señales de entender, ni de cooperar. ¿Sabes cuánto costó el anillo?, diez mil dólares… a ver. ¿por qué no puedes complacerme…?

- Pero para qué me lo compraste si me lo ibas a sacar en cara en la primera oportunidad. No quiero ir Hernán, ¿no comprendes?, me asfixian esas cosas. No está en mi. Pídeme otra cosa, lo que quieras.

- Sara, es esto lo que te pido. Que vayamos juntos a ese acto. Pero todo lo complicas y estamos en las mismas.

- Hernán, es muy sencillo… no se cómo no me entiendes. Hay cosas que no tienen precio…. Y esta es una de ellas. Para todo lo demás esta MasterCard. Y ayúdame a recoger que ya aquí por lo visto se acabó la magia. (continuará)

martes, 16 de octubre de 2007

La historia de Cecilia Solás(19). Una blogonovela cubana.

Anno 2002.
Capitulo 5. Somos como somos.

Sarita regresó al trabajo esa tarde después de visitar al doctor, y allí se complicó de mala manera. Hernán no había vuelto a llamarla y eso la tenía contrariada.

Cuando al fin pudo terminar las pruebas intensivas del nuevo sistema de facturas por Internet del cual ella era Jefe del Proyecto Técnico, se sintió aliviada. Al menos su vida profesional le brindaba efímeras recompensas. El sistema funcionaba superbien, y ella sabia que esto representaría mayor prestigio técnico y posiblemente un ascenso en el salario.

Se sentía tranquila en su trabajo, pero muy preocupada Algo andaba mal, y ella tan experta en probar sistemas y reformarlos hasta que funcionaran a la perfeccion, no acababa de comprender porque su sistema, el suyo, su vida personal, estaba llena de parches, desvios, ciclos infinitos, en fin, un total desastre, algo que cancaneaba y cancaneaba sin ella por primera vez ni siquiera imaginarse que fallaba en el mecanismo.

Se sentía sola, vacia, y su esposo de tantos años, Hernán, ya no le parecía el hombre con el que había compartido 25 años de su vida. Cambiaba por día, y ella también. ¿Para bien o para mal?. No sabía. Eso la contrariaba mucho, no saber exactamente qué le estaba pasando. Ella que siempre había tenido cualquier respuesta en la mano, se sentía confundida. Tremenda mente confundida.

Llegó a la casa tarde, pasadas las 10, los muchachos ya dormían. Vivía muy pendiente de ellos, aunque siempre de manera discreta para que no pudieran constatar su angustia interna y a la vez no se sintieran acorralados.

Cuando llegó a la casa Hernán había comprado algo para comer todos, a Sarita no le gustaba la idea de comprar comida hecha, pensaba que era una mala opción alimenticia y se sentía culpable por no disponer del tiempo para cocinar para su familia de una manera sana y nutritiva. Y a Hernán le parecía una maravilla eso de no tener que cocinar, solo llamar por teléfono y ya.

- Hola mi amor, traté de llegar antes pero no pude, sabes como es eso.…

- Se te nota cansada, mira compré pizza. Quiero enseñarte algo a ver que piensas.

- ¿Pizza?, no pudiste elegir algo mejor, ¿por qué no me llamaste?, sabes que no es bueno comer tanta pizza, me hubieras llamado ¿Qué me quieres enseñar?

- ¿Para qué?, para que me dijeras eso mismo, mira si no quieres pizza, entonces prepárate algo tú. A nosotros nos gusta. Ya se te olvido lo del carro nuevo que voy a comprarme.

- ¿Nosotros?, bueno… si, eso haré estoy tan cansada, y me siento tan asustada, ni hambre tengo a decirte verdad. ¿Tú?, ¿vas a comprarte otro carro?

- ¿Por qué asustada? … chica que mala memoria… hoy te dije que estaba viendo carros.

- Por lo que me dijo el médico hoy. ¡Ah! Si el carro….otro más…

-¿Qué te dijo?, ¡Pero sigues con eso! Ya te dije que no le hicieras caso. Eso de que te vas a morir es una exageración, mira si le empiezas a dar taller a eso si que te vas a morir. Mira come algo y ven para que veas el carro - dijo apuntándole a la labtop que descansaba en sus piernas.

- Pero Hernán, yo me siento mal, tengo una angustia muy grande, me siento muy cansada y todo me preocupa, eso no es normal.

- Pues mira peor para ti, si sigues así entonces es verdad lo que dijo el médico, te vas a morir, jajajajaja …..

- Por Dios Hernán que me siento mal, no juegues, no bromees, me siento muy mal. Como nunca.

- Mira, Sara, llevamos 5 años en este país casi, vives mejor que lo que soñaste en tu puñetera vida, manejas un carro de lujo y del año. Tenemos dinero de sobra y te vienes a quejar que te sientes mal. Si sigues empecinada en eso no se si pueda aguantarte por mucho tiempo, aquí se viene a luchar y a salir adelante, no a ser una carga.

- ¿De que hablas Hernán?, si trabajo como un hombre, hasta mas que tú. Si llevo 5 años sin pensar en mi casi, pendiente de tus necesidades, tus preocupaciones, tus hipocondrías, tus enfermedades imaginarias. Los muchachos. Mis padres enfermos. ¿Y me sales con esta?, ¿pero quién te crees que eres?, ¿por qué no miras a tu alrededor y te comparas con los demás para que veas cuanto nos falta por llegar y no solo me refiero a bienes materiales Hernán. Tu arrogancia, ese delirio de grandeza que estoy tratando de sobrellevar hace tiempo, y ahora que por primera vez me siento mal, me siento enferma ¡y me sales con esta!. Si al menos tuviera aquí a Cecilia o a Casandra o a alguna amiga con la que conversar y desahogarme y no recibir criticas.

- Pues si chica, ojala que tuvieras a alguien que te aguantara porque yo no te voy a aceptar críticas y mucho menos letanías o cantilenas, y mira a ver que si quieres seguir conmigo tienes que echar para alante y dejarte de blandenguerías.

- ¡Hernán! … te veo y cada vez te reconozco menos, será que siempre fuiste así y no me había dado cuenta. Mira, primera y última vez que te hablo de cómo me siento. Y tienes razón, aquí se vino a echar para alante y no a dejarse vencer. Gracias por el consejo, lo tomaré en cuenta. Pero no te confundas tú no eres rico, tienes un salario y ya. No eres rico Hernán no seas fatuo.

- No me hables así Sara, sabes que no me gusta nada cuando te pones así, a mi no me metas miedo.

- ¿Miedo?, ¿y para qué quiero darte miedo? Hernán, el miedo no come aquí, ¿no dices eso siempre?… quizás es que deba empezar a mirar la vida con otros ojos, si, quizás. ¿ sabes cuanto puede costar un par de ojos nuevos como esos que tú tienes?

- Tus ironías me cansan Sara

- Y a mi tu ceguera, Hernán. Vete a la mierda y déjame en paz

- Sara, no te permito….

- Permitirme ¿qué?… mira, va y en seis meses ya no tienes que aguantarme más, según el médico, o quien sabe si esto es un aviso de Dios ….

- Sara… no me chantajees…..

- Y tú Hernán, no me jodas…. (continuará)

miércoles, 3 de octubre de 2007

La historia de Cecilia Solás(14). Una blogonovela cubana.

Año 2002.
Capitulo 4. Un puente con dos millones de orillas
Casandra y Cecilia eran muy amigas. Formaban un trío inseparable desde los años adolescentes, la tercera era Sara Llogat. Aparentemente la más afortunada de las tres. Tenía un marido que todo el mundo concordaba que era una suerte, par de hijos muy formales y estudiosos, una bella apariencia física y una inteligencia a prueba de bomba.

Sara Llogat vivía hacia 5 años muy cerca de la Ciudad del Sol por lo que cuando Casandra llamó a Ceci para decirle que había conseguido la dirección de correo electrónico, Ceci sintió un gran alivio y una inmensa alegría. Si cuando llegara allá, Sara iba a estar cerca o al menos disponible, Cecilia iba a estar mucho más tranquila. Por eso no mas copió el email se fue a casa de Yola para que le prestara el correo de ella, que a su vez era del marido ausente para mandarle una carta a Sarita explicándole su próxima llegada. Cecilia estaba realmente contenta.

Esta es copia fiel del mensaje:

From: Gustavo Marrero <gmarrero@islamia.com>
To: Sara Llogat <sara.llogat@yahoo.com>
Sent: Wednesday, Noviembre 3, 2004 6:36:14 PM
Subject: De tu amiga Cecilia

Sara querida, Me acaba de llamar Casandra con la sorpresa que tenia tu dirección de email. Puedes escribirme con confianza a esta que es del esposo de Yola mi vecina, pero él nunca lo abre.

Te diré que pronto nos vas a tener por allá. Solo estamos esperando que liberen a Gabriel, ya que por su edad está retenido, pero nos han dicho que todo se va a resolver en un mes o dos.

Raúl aplicó para una visa y resulta que clasificó y ya casi estamos listos y si no fuera por lo del muchacho ya hubiéramos partido.

Tengo tantas ganas de verte, como no imaginas, pero cuéntame, como te va, háblame de ti, de tu vida, que estás haciendo, en que trabajas, como les va a Lachy y a Hernandito, ya deben estar hecho unos hombrotes. Y dime de tu Hernán, ¿cómo está?, sabes que ustedes siempre fueron mi pareja de referencia y me encantaría que pudiéramos retomar la amistad a ver si Hernán influye en Raúl, que aunque sabes que es muy bueno conmigo, tiene sus cosas, que ya hablaremos.

Casandra me contó que vio unas fotos que le mandaste a Giomar donde estás hecha una pepilla, dice que pareces de 20, ¡que bueno amiga!. Bueno contéstame pronto y con confianza que este correo es como si fuera mío.

Un abrazo para los cuatro, tu hermanita, Ceci


Para Ceci era una tranquilidad muy grande saber que Sara y ella podrían reconectarse, siempre fueron confidentes, y aunque no estudiaron la misma carrera, eso no disminuyó para nada la sólida amistad que las había caracterizado. Se habían acompañado en bodas, bautizos, paritorios y cumpleaños y cuando Sara se marchó en 1997 le dejó todas sus cosas a ella y a Casandra.

Pero Sara no había regresado nunca y ahora la vida las iba a volver a unir. Cecilia estaba más que feliz.